Homosexualidad una oportunidad para el cambio

El siguiente artículo fue publicado en la revista electrónica cristiana Lupa Protestante a solicitud de su director para que diésemos una perspectiva de la homosexualidad y el cambio.

En estos días mucho se está hablando en la iglesia protestante de este tema que si bien no deja de ser polémico tampoco deja de ser interesante y de reflexión.  Dimes por parte de la línea conservadora que son replicados por los diretes de la línea progresista.

Lo que actualmente se encuentra en el tapete es la aceptación del estilo de vida gay dentro de las comunidades cristianas.  La mayoría de los argumentos provienen de personas heterosexuales (a favor y en contra) y de alguna persona de atracción al mismo sexo[1] que busca la “bendición” para sentirse en libertad de adoptar este estilo de vida en el ámbito cristiano.

Sin embargo existe otro sector, también cristiano, que pocas veces entra en la discusión y que merece ser escuchado el debate.   Me refiero a aquellos que también hemos sentido ese tipo de atracción hacia personas del mismo sexo, pero que también hemos visto en nuestras vidas la Gracia de Dios en nuestra redención tanto sexual como relacional.

Dejando  a un lado el tema de los derechos civiles porque nos queremos centrar en la homosexualidad y la Iglesia queremos aportar  nuestro granito de arena  ya que notamos que la discusión está truncada entre la aceptación o no aceptación del estilo de vida  gay en la iglesia, pero poco  se habla de redención.

Quizás este párrafo puede sonar “trillado” pero en realidad es el núcleo de la fe cristiana.  Todos somos humanos, creados a la imagen y semejanza de Dios pero caídos, esto es pecadores.  Debido a nuestra condición es que Dios mediante el sacrificio de Cristo provee el camino hacia la Redención de la humanidad.  La revisión exhaustiva de los pasajes del Nuevo Testamento nos lleva a afirmar  que  la redención provista por Dios acarrea un cambio en nuestro proceder, pensar y actuar.  Es lo que Pablo llama “nueva creación” que no es más que la restauración de la imagen original de Dios en el hombre.

Por ello creemos que es acertado poner el debate el aspecto de la redención y esto nos condude a hacernos las siguientes preguntas:

  •  ¿Las personas que sienten atracción al mismo sexo necesitan ser redimidas?
  • ¿Es nuestra sexualidad un área que debe ser tocada por la Gracia Redentora?
  • ¿Si hablamos de redención sexual  podemos esperar un cambio?

Creo que el noventa y nueve por ciento de los que nos leen y que profesan la fe cristiana (por no decir el cien por ciento) contestarán que si necesitan redención, pues asumir una respuesta negativa indicaría que existen personas que no necesitan salvación y por lo tanto el sacrificio de Cristo no era necesario.

El ser humano es un ente complejo formado de cuerpo, alma y espíritu[2].  Jesús y sus seguidores han demostrado que la redención del ser humano no sólo esta basada en los aspectos espirituales del individuo.  La redención implica aspectos que abarcan la forma como pensamos, nuestra salud y también con nuestra realidad sexual.  En relación a este área sobran las referencias bíblicas en el Nuevo Testamento que exhortan a que rindamos nuestra sexualidad.  No debemos caer en la tentación de justificar nuestros impulsos sexuales en relación a lo que sentimos, sino por el contrario la Gracia Redentora es el motor que hace justa nuestra sexualidad y le da el verdadero significado. Con esto creemos estamos abarcando la segunda pregunta.

¿Se puede esperar un cambio?  Por testimonio de quien escribe y de una gran cantidad de personas conocidas podemos decir que sí.  Ahora bien ¿Qué es el cambio? Y es esto lo que debemos comenzar a debatir, pues nuestra definición de cambio puede que necesite reorientación.  En la sociedad actual los defensores de la denominada agenda gay han fomentado un pensamiento algo contaminado, esto es: “los gays no pueden cambiar”.  Este paradigma se puede romper si redefinimos nuestro concepto de cambio[3] y la forma como hemos asociado los sentimientos subjetivos del individuo a las actitudes.

Quiero ilustrar esto con un ejemplo de la vida cotidiana que su analogía nos permitirá ilustrar lo expuesto.  Una persona ha sido alcohólica y por obra de Dios deja el alcohol.  A pesar de que en determinadas oportunidades tiene deseos de probar el alcohol, ha logrado mantener una vida sobria durante años.  ¿El cambio en esta persona está supeditado a la actitud de vivir constantemente una vida sobria o a un eventual deseo  que pueda confrontar? ¿Dónde está el límite entre tentación e identidad?

En nuestra trayectoria ministerial hemos visto diversos tipos de cambio.  Radicales como de personas que han dejado un estilo de vida gay y hoy viven en un plano totalmente heterosexual, algunos casados y con hijos.  Otros quizás eventualmente siguen teniendo cierta atracción hacia personas de su mismo sexo,  pero que han aprendido a no definirse por sus sentimientos o tentaciones.  Tanto unos como los otros viven la realidad cristiana del “ya pero todavía no” [4] en sus vidas cotidianas.

En ocasiones se ha hablado de la terapia reparadora que puede ayudar a las personas con problemas de atracción al mismo sexo como vía para lograr la redención.  En estas terapias hay mucha sabiduría ya que algunos terapeutas creen que la homosexualidad tiene sus raíces en patrones de relaciones nocivos,.  Estas raíces se encuentran en especial entre los mismos familiares. Sin embargo  la terapia reparadora sólo puede tratar con la modificación del comportamiento  y en la mayoría de los casos lo que logra es que la gente se sienta mejor, pero generalemente adolece de la parte espiritual, esto es la redención divina.

Es por ello que proponemos lo que nos ha dado buenos resultados.  El discipulado redentor.  Este enfoque se logra mediante grupos de apoyo donde las personas se discipulan mutuamente la redención en la sexualidad y las relaciones interpersonales.  Grupos donde los mismos miembros se ayudan mutuamente animándose con herramientas, enseñanzas, oración y lo más importante a aprender a relacionarse.  Estos grupos en ningún momento desestiman la sabiduría de la terapia reparadora pero la enriquecen con herramientas de índole espiritual.

La conformación de estos grupos pueden ser únicamente de personas que sufren de atracción hacia su mismo sexo.  Sin embargo la experiencia nos ha enseñado a que si participan también personas heterosexuales con otro tipo de problemas (adición a la pornografía, por ejemplo) la eficacia es mucho mayor.  Esto se debe a que las carencias de un grupo de sus integrantes pueden ser suplidos por el otro grupo  y se rompen verdaderos mitos en relación a como se percibe la homosexualidad.  Y es que querámoslo o no el pecado sexual es el mismo tanto en los homosexuales como heterosexuales. Y tanto una situación como la otra es muy difícil de superar sin ayuda.

Este discipulado es una tarea ardua y no hay soluciones sencillas ni rápidas.  Sabemos de algunos que han pasado por esta clase de grupos y han “caído”.  No obstante el que algunos “caigan” no implica que esto invalide otros testimonios de redención auténticos.  Y es que sea cual sea el problema por la que un el individuo haya pasado alcoholismo, drogadicción u homosexualidad, ningún argumento humano puede rebatir la verdad del evangelio, esto es la experiencia redentora mediante la intimidad con Jesucristo

 

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Notas:

  1) Prefiero utilizar el término de “atracción al mismo sexo” en lugar de homosexualidad por considerar que en ocasiones se usa este término en forma peyorativa.  Una persona en algún momento puede sentirse atraío por otra persona de su mismo sexo sin que en realidad se le pueda catalogar de homosexual, ni querer asumir tal estilo de vida.  Un ejemplo que avala esta similitud es que una persona en un ataque de rabia puede sentirse tentada de abusar con golpes a otra persona pero por este hecho no podemos afirmar que esta persona sea un abusador.

  2) O Cuerpo y alma, dependiendo de la posición que asuma el lector

  3) Aquí también podriamos hablar de nuestros conceptos de sanación o sanidad.

  4) Es el dilema en que nos encontramos los cristianos viviendo en un mundo donde gozamos de “anticipos” de la gloria venidera pero sufrimos aun las consecuencias de la caida.